Las termas romanas eran lo que hoy se denominaría como baños públicos de menor tamaño que existían en el antiguo Imperio Romano. En el presente artículo nos dedicaremos a exponer la historia acerca de estos baños, sus características y cuales han sido los termas más importantes en la historia.

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Historia de las Termas romanas

Las termas romanas eran baños públicos que existieron en el antiguo Imperio Romano con dimensiones considerables. Los mismos se trataban de recintos de menor tamaño públicos o en algunos casos privados que al estar en villas romanas, eran denominados balneae. Gran parte de las ciudades que estaban dentro de la Antigua Roma tenían una o varias termas públicas, su uso no se reducía solo a la higiene, también eran lugares establecidos para reuniones y actividades de gimnásticas y lúdicas.

El agua que se empleaba en las mismas provenía de parte de un río o arroyo cercano y con acueductos en las grandes ciudades (como el de Segovia de 14 kilómetros), más tarde era calentada en una hoguera y se trasladaba hasta el caldarium, en donde era más elevada su temperatura. El diseño de estos lugares fue propuesto por Vitruvio en su obra De Architectura (V.10).

Orígenes

La práctica del baño en el Imperio Romano fue una inspiración por parte de la atestiguada en Grecia a finales del siglo V antes de Cristo. Las termas de Stabia de Pompeya, que funcionaban desde el siglo IV a. C., se disponían alrededor de una palestra central un elemento comúnmente griego, a pesar que en un principio solo había agua fría que provenía de un pozo.

Las primeras termas romanas templadas y calientes hicieron su aparición a la segunda mitad del siglo II a. C. luego de haberse hablado del hipocausto en el mundo romano que Plinio el Viejo atribuyó al ingeniero Cayo Sergio Orata. Su uso se propagó no solo por el Imperio Romano, sino que se extendió hasta llegar a Europa. En un principio, las termas romanas no disponían de iluminación, puesto que las ventanas que tenían eran de menor tamaño para evitar el escape del aire caliente.

Sin embargo, con el paso de los años este inconveniente se pudo solucionar gracias a la aparición de la tegula mammata, la misma eran placas de cerámicas, las cuales permitían la creación de un tabique hueco por donde el aire caliente que provenía del hipocausto podía pasar.

Asimismo, esta técnica pudo mejorar al emplear diversos conductos disimulados que permitían la recuperación del calor de forma más efectiva. Adicional a esto, la integración de ventanas de vidrio permitió una rápida transformación arquitectónica de los baños que se hicieron más grandes y luminosos a partir del siglo I.

Construcciones

Las primeras termas romanas que se hicieron fueron privadas y solo existían en villas romanas de los patricios, la clase social alta, se hallaban baños y letrinas. Por su parte, las públicas empezaran a verse a inicios del siglo I a. C. cuando los particulares propusieron  tener baños fríos y calientes a veces acompañados de masajes.

Sin embargo, las grandes termas romanas, utilizadas para abastecer a un gran número de personas no comenzaron a verse hasta llegado el año 19 a. C. Las mismas se realizaron como orden de Marco Vipsanio Agripa, consejero cercano y yerno del emperador Augusto. Al pasar los años, los baños fríos se les fue añadiendo salas templadas y calientes a sus instalaciones en todas las provincias del Imperio.

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La creación de las termas romanas surgió como una manera de representar la cultura romana, incluso las ciudades más modestas del imperio se equiparon de este tipo de termas, como la colonia veterana de Timgad, con una población de 5.000 habitantes, pero solo tuvieron ocho termas. Los emperadores por lo general construían estos baños para ganarse al pueblo y legar un monumento a su generosidad.

A finales del siglo I a. C., Roma poseía alrededor de unos 200 baños. En el siglo IV dicha cifra aumentó a aproximadamente 856 baños en la capital imperial y, a pesar de que la mayoría de ellos no gozaban de un gran tamaño, algunas rivalizaban como las mejores diez termas imperiales censadas.

Si todas las ciudades que conformaban el Imperio Romano poseían termas romanas privadas y públicas, esta profusión era característica de Roma. Por ejemplo, Pompeya y Ostia se sabe que únicamente poseían tres grandes termas y algunas balnea, estos últimos eran mucho más lujosos que el resto de las balnea de Roma.

Siguiendo lo hecho por los griegos, en Roma se comenzó la construcción de estancias similares que no tardaron en ser el gusto de la ciudadanía. Estas estancias no solo estaban hechas para los actos de limpieza y relajación, así como actividades medicinales cuando las aguas tenían propiedades curativas. Su uso se extendió hasta incluir las prácticas deportivas y un ritual de masajes con diferentes sustancias como esencias y aceites especiales para el mayor cuidado del cuerpo.

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El nombre de terma se da por primera vez a unos baños elaborados en Agripina en el año 25 d. C. Nerón construyó unas termas en el campo de Marte: Termas de Nerón, los cuales hasta los días actuales no se han encontrado. Las primeras termas de carácter monumental fueron las construidas por Domiciano y dadas a conocer por Trajano, las Termas de Trajano, fueron superadas en tamaño por las de Caracalla, cuya inauguración tuvo lugar el año 216.

Las actuales ruinas de las termas de Caracalla dan una idea del monumental tamaño que tenía este recinto para albergar también servicios como biblioteca o tiendas. Dichas instalaciones, construidas alrededor del año 217, tenían un espacio para mil seiscientos usuarios. Por su lado, las termas de Diocleciano, fueron remodeladas por Miguel Ángel que pasó a convertir su tepidarium en la iglesia de Santa María de los Ángeles.

Las termas romanas tenían un horario de apertura que comenzaba a mediodía y cerraban al ponerse el Sol. En estos recintos habían separaciones para hombres y mujeres, en caso de existir termas sin esto se abría un horario para mujeres o otro para hombres y, una vez a la semana el lugar era abierto al público. No obstante, en algunos ocasiones durante el Imperio Romano se permitió el baño conjunto a hombres y mujeres.

En un mismo sentido, también era habitual ver que a las termas romanas asistieran entidades de la ciudad (al igual que el teatro por ejemplo), por lo que era normal que par estos lugares las personas asistieran para “socializarse”. En repetidas oportunidades servían como lugar para establecer reuniones informales, perfecto por su relajante aire vaporado y las calientes aguas termales.

¿Para qué se utilizaban las termas?

Las termas romanas eran entendidas de manera cultural como un centro social, esto se debía a que el proceso de limpiarse era tan extenso que era inevitable comenzar una conversación. Asimismo, no era de extrañar que los romanos de aquel entonces invitaran a sus amigos a banquetes y muchos políticos iban para hablar con los ciudadanos acerca de sus proyectos.

De un mismo modo, las termas también podían ser bibliotecas, salas de lectura de poesías e incluso lugares donde comprar y comer comida. Si se analiza desde la perspectiva moderna, su equivalente actual sería una mezcla de biblioteca, galería de arte, centro comercial, restaurante, gimnasio y spa.

Para aquel entonces, muchos ciudadanos no tenían acceso a las bibliotecas de Roma, por lo que las termas romanas eran empleadas como una institución cultural donde podían disfrutar el lujo de leer libros. Las termas de Trajano, de Caracalla, y de Diocleciano albergaban como bien ya se ha mencionado anteriormente, poseían una biblioteca.

Al ver nichos en los muros e presume de la presencia de estanterías y su profundidad es suficiente para contener pergaminos antiguos. Sin embargo, no hay mucha información que sirva para confirmar que hubieran bibliotecas, aunque se han encontrado inscripciones de esclavos como ”cuidador de la biblioteca griega de las termas”. Igualmente, se ha podido exponer grandes piezas escultóricas, como el Toro Farnesio y el Hércules Farnesio hallados en las termas de Caracalla.

Los romanos tenían el pensamiento de que la buena salud se obtenía por medio de un baño, comida, masajes y ejercicio, elementos que se encontraban mucho dentro de las termas romanas. Algunos ciudadanos se bañaban con regularidad, por lo que la civilización romana era extremadamente limpia.

En algunas circunstancias, los emperadores mandaban a edificar termas romanas para ganarse al pueblo y legar un monumento a su generosidad, de una misma manera, algunos patricios pagaban días gratuitos al público para alcanzar popularidad.

La función social y medicinal de estos lugares se ha mantenido a lo largo de la historia hasta nuestros días. En la civilización romana la institución de las termas eran servicios que los ciudadanos debían tener. Las termas públicas romanas se hacían con una única función social y política.

Estos recintos eran apropiados para la conversación relajada, el recreo y la relación social, con todo lo que ello significaba. El ambiente interno se cuidada por medio de una decoración en donde no se escatimaban medios, llenando las estancias de maravillosos frescos, mosaicos y estatuas.

Características de las Termas romanas

Las termas romanas en su interior poseían varias estancias a su disposición y a pesar de su diversidad, las mimas fueron prácticamente iguales durante todo el Imperio. En un mismo sentido, algunos de estos establecimientos ofrecían el mínimo de servicios y no disponían de algunas salas como la fría o la caliente dado que no poseían las dimensiones necesarias.

A pesar de ello, la mayoría de las termas se elaboraron con múltiples salas de gran tamaño y a menudo duplicadas. El interior de las estancias y las piscinas de agua caliente se llevaba a cabo a través de un sistema de hipocausto. El mismo se encuentra basado en la distribución mediante túneles y tubos de agua caliente, el vapor se extendía por debajo de los suelos de las estancias y piscinas, así era alimentado por medio de una serie de hornos que se hallaban en los sótanos.

Palestra

La palestra era entendida como un patio central, en donde se llevaban a cabo la práctica de ejercicios físicos. La característica principal que tenía este patrio central, era que el mismo era un conector con el resto de las estancias.

Tabernae

La tabernae era el nombre que se le dada a aquellas tiendas que se encontraban cerca de la estancia de los baños de la terma, en las mismas se podría apreciar la presencia de vendedores ambulantes hablando de la calidad de sus productos a los clientes con un gran entusiasmo, por lo general, comerciaban comida y medicinas.

Caldarium

Un caldarium era un cuarto de baño que se empleaba en el interior de las termas romanas. El mismo era un lugar muy caliente y vaporoso calentado por un hipocausto, un sistema de calentamiento subterráneo. De una misma manera, era considerado como el cuarto más caliente de la secuencia regular de cuartos de baño: después de sudar en el caldarium, los habitantes debían trasladarse al tepidarium y al frigidarium.

En el caldarium había un baño de agua caliente que estaba hundido en el suelo, a veces había incluso un laconicum, que era vista como una zona caliente y seca para así provocar el sudor. Los patrones de los baños utilizan aceite de oliva para limpiarse a sí mismos poniéndoselo en sus cuerpos y usando un estrígil para eliminar el exceso.

Frigidarium

Este lugar era prácticamente una piscina en la cual las personas podían sumergirse hasta la altura de los hombros, pudiendo ser grande o pequeña. La función de este lugar era que luego de que los habitantes hubieran abierto sus poros en el tepidarium y el caldarium, debían cerrarlos de nuevo, esta era la última etapa de las termas romanas.

Tepidarium

El tepidarium en las termas romanas era un recinto central redondo de gran tamaño en donde se agrupaba el resto de espacios y que dio la clave a los planos de las termas. Se tiene la suposición que era el primer lugar en donde se reunían los bañistas antes de pasar a través de los varios baños calientes (caldaria) o al baño frío (frigidarium).

El mismo estaba adornado con mármoles y los mosaicos más lujosos, la luz solar entrada por las ventanas del claristorio, a los lados desde el frente y en la parte posterior, bien se podría alegar que en este lugar era donde se disponían los tesoros más valiosos del Imperio Romano.

Apodyterium

Un Apodyterium en la Antigua Roma (al igual que en la Antigua Grecia) era una sala que se empleaba como vestuario en las termas romanas, así como en los lugares públicos para los espectáculos. La misma se localizaba en la entrada de las termas, por lo que habitualmente se le podía ver decorado con mosaicos paviméntales.

Su estructura constaba de una sala con bancos corridos adosados a los muros, en ellos los ciudadanos podían desvestirse, cambiarse o ponerse sus zapatillas. También habían estantes o nichos en las paredes a la altura de sus cabezas, los cuales servían para depositar la ropa u otras pertenencias mientras se bañaban o realizaban otras actividades.

Laconicum

La sala de laconicum era el lugar en donde a los habitantes se les daba un relajante baño de vapor.

Termas romanas más importantes

Ya habiendo conocido a detalle la historia y las características de las termas romanas, nos parece de suma importancia abrir un espacio para hablar acerca de los baños públicos y privados más importantes que existieron en el Imperio Romano. En el presente apartado se expondrán de forma detallada.

Agripa

Las Termas de Agripa fueron una de las primeras más grande en ser construidas en la Antigua Roma, estas termas se elaboraron al mismo tiempo que el Panteón y en eje con él, como un balaneion. En un principio no eran consideradas como termas, para ese momento se las veía como un baño de aire caliente con agua fría, no muy diferente de una sauna.

Thermar Neronianae

Estas termas romanas se elaboraron en la década de los 60 bajo el gobierno del Emperador Nerón, sin embargo, las mismas sufrieron una reformación durante la época del Emperador Alejandro Severo, lo que causó que recibieran el nombre de Thermae Alexandrinae.

Las Termas de Nerón, poseen una estructura y distribución que más tarde fue repetida en manos del Emperador Trajano, siendo las Termas de Diocleciano las que utilizaron dicha distribución a una escala más elevada para ese momento.

Tito

Las Termas de Tito fueron unos baños públicos elaborados en la Antigua Roma por orden del Emperador Tito. Estos baños están ubicados al pie del Monte Esquilino, en la Colina del Oppio, en su interior podían abarcar a más de 1.600 personas. El precio de entrada era de una moneda con la menor denominación.

Este inmenso edificio le dio una idea a los historiados acerca de la magnificencia romana y el exceso de lujos era un presagio de la decadencia general. Sin embargo, su construcción se llevo a cabo al momento en que el arte había tomado un carácter grandioso y magnífico en donde también se utilizaba además de la necesidad, ciertas formas variadas y elegantes.

Trajano

Las Termas de Trajano, fueron construidas en el año 104, eran una gran estructura de baños termales de la ciudad de Roma. Al igual que las anteriores termas, las de Trajano se ubicaban en la Colina del Oppio, en la parte en donde también estaba el palacio dorado de Nerón, conocido como la Domus Aurea.

Sus grandes cisternas, que hasta la actualidad se conservan eran conocidas como Sette sale o  también como las “siete salas”, en estas salas se podían almacenar hasta ocho millones de litros de agua.

Constantino

Por otro lado, las termas de Constantino son unos baños públicos que están ubicados en la ciudad de Arlés, en el sur de Francia, convirtiéndose como uno de los lugares considerados como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, dentro del Sitio ”Monumentos romanos y románicos de Arlés”.

Estas termas romanas fueron elaboradas durante el siglo IV sobre las orillas del Ródano cuando Constantino I vivía en Arlés, por un tiempo, más o menos llegando el siglo XVI, fueron interpretadas de forma errónea como las ruinas de un palacio romano, en lugar de unas termas.

Otras termas romanas

Una de las termas romanas que se puede mencionar son las de Campo Valdés, las mismas eran baños públicos construidos durante el Imperio Romano y que se encuentran en el actual Campo Valdés, en el barrio de Cimadevilla, dentro de la localidad asturiana de Gijón. El día 8 de mayo del año  1987 se le declaró como Bien de Interés Cultural.

Por otro lado, vale la pena hablar de las Termas de Diocleciano, dado que fueron uno de los baños públicos más reconocidos en la Antigua Roma, teniendo una capacidad para abarcar alrededor de 3000 personas. Para su edificación se empleó ladrillo, revestido de mármol en el interior, y de estuco para hacerse el exterior, destacando la riqueza de los mosaicos del pavimento.

La mayor parte de estas termas se han conservado gracias a que muchas de sus secciones fueron reutilizadas como base para iglesias y otras construcciones como por ejemplo: en el complejo de las termas hoy en día se encuentran la Basílica de Santa Maria degli Angeli e dei Martiri, la Iglesia de San Bernardo alle Terme, y parte del Museo Nacional Romano.

Las últimas termas a hablar son las de Carthago Nova (Cartagena, Murcia) que se cree fueron hechas en el siglo I d. C, posteriormente se usaron en el V, incluso VII d. C., encontrándose a 150 metros del foro romano. Su ubicación era muy sencilla, puesto que se localizaban en una de las calles principales de la ciudad. Las primeras excavaciones se llevaron a cabo en el año 1968 entre la Plaza de los Tres Reyes, la calle Honda y la calle Jara.

 

Ha sido todo por el artículo de hoy, esperamos que la información proporcionada haya sido de gran ayuda. Le hacemos la invitación a leer también: Castillo De Manzanares El Real y Catedral De Estrasburgo  

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